Darlah 172 Horas En La Luna Epub To Pdf Verified -
Midori no podía dormir. La base hacía ruidos extraños. Golpes. Susurros metálicos. Se levantó y fue al módulo central. Allí vio a la comandante Stang hablando por una radio antigua, una línea que no debería existir.
—Están aquí —decía Stang—. El sujeto 172 ha despertado. Sí, los tres están dormidos. Entendido. Procederemos mañana.
Midori se heló. ¿Despertado? ¿Qué había despertado? Retrocedió y tropezó con una caja de herramientas. El ruido resonó en el silencio de la base. Stang se giró. Su rostro era una máscara de hielo.
—Midori. Deberías estar durmiendo.
—¿Qué está pasando? —Midori notó que el aire se volvía más denso, como si la atmósfera estuviera cambiando—. ¿Qué es el sujeto 172?
Stang suspiró y cerró el puño. —En 1972, el Apolo 17 encontró algo en un cráter cercano. No era una roca. Era una estructura orgánica. La trajimos aquí. La encerramos en la sección prohibida. Y ahora... parece que te ha notado. darlah 172 horas en la luna epub to pdf verified
De repente, las luces de la base parpadearon y se apagaron. Solo quedaron las luces de emergencia rojas, bañando todo en un tono siniestro.
—¡¿Qué fue eso?! —gritó Antoine por el intercomunicador, despertando en su habitación.
—Vistanse trajes —ordenó Stang, su voz ahora urgente—. Ahora. La atmósfera de la base está comprometida.
El sonido de metal rasgando metal resonó en las paredes. Algo estaba intentando entrar. O salir.
Mia corrió hacia la sala de control. Allí encontró a Reiter inconsciente y a Stang intentando sellar una puerta blindada. A través de la ventanilla de la puerta, Mia vio algo que su cerebro se negó a procesar. Midori no podía dormir
No era un alienígena verde. Era una sombra. Una sombra que se movía con voluntad propia, que se desprendía de las paredes. Y tenía ojos. Ojos que reflejaban el vacío del espacio.
—¡No mires! —le gritó Stang a Mia.
Pero Mia ya lo había visto. Y la sombra la había visto a ella.
—Tenemos que irnos —dijo Mia, con voz temblorosa—. Ahora.
—El módulo de escape está en la otra punta —dijo Stang—. Tendrán que pasar por la sección prohibida. No necesitas instalar software pesado ni riesgoso
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